La oferta de capacitación digital está creciendo en Chile. Inteligencia artificial, ciberseguridad, análisis de datos y gestión de proyectos aparecen entre las competencias promovidas por programas públicos y privados, mientras las empresas enfrentan el desafío de decidir cuáles necesitan desarrollar primero.
SENCE y Microsoft mantienen un acuerdo para capacitar a 200 mil personas en herramientas digitales hacia 2027. La iniciativa considera 11 rutas formativas gratuitas y asincrónicas en áreas como inteligencia artificial, ciberseguridad y gestión de proyectos.
Durante 2026, esa colaboración agregó además cursos de IA separados para Recursos Humanos, marketing y ventas, ejecutivos TI y líderes de proyecto. La diferenciación muestra que la brecha digital ya no puede entenderse únicamente como saber o no saber utilizar tecnología.
La primera pregunta no debería ser qué curso contratar
Antes de capacitar, una empresa necesita identificar qué problema pretende resolver.
Si un equipo pierde varias horas preparando informes manualmente, puede existir una oportunidad de automatización o análisis de datos. Si el problema está en incidentes y malas prácticas digitales, la prioridad podría estar en ciberseguridad.
Esto parece evidente, pero evita seleccionar programas simplemente porque una tecnología está recibiendo atención.
También ayuda a distinguir entre brechas individuales y organizacionales. Puede ocurrir que los trabajadores sepan utilizar una herramienta, pero los procesos internos todavía no permitan incorporarla de forma segura o consistente.
¿Cómo detectar qué habilidades necesita una empresa?
Un diagnóstico puede combinar las competencias requeridas por cada cargo con las capacidades actuales del equipo y los cambios que se esperan en los procesos.
Después es posible construir rutas diferentes. Una persona puede necesitar una formación inicial, mientras otra requiere contenidos avanzados o una certificación asociada a su función.
Este enfoque ya forma parte de la oferta de capacitación corporativa de BCN Global, que combina programas presenciales y e-learning con rutas por rol y tecnologías de seguimiento del aprendizaje. La empresa también trabaja formación en IA aplicada y plataformas globales de contenidos.
La utilidad de una ruta está precisamente en evitar que todos recorran el mismo programa independientemente de sus conocimientos o responsabilidades.
Terminar el curso es solo una parte de la medición
Las plataformas digitales permiten registrar inscripciones, avance y finalización. Son indicadores útiles, pero una empresa también puede observar qué sucede después.
Si la capacitación buscaba reducir errores, interesa comprobar su evolución. Si pretendía introducir una herramienta digital, tiene sentido medir adopción. Cuando el objetivo era preparar personas para nuevas responsabilidades, el seguimiento debería observar si pueden desempeñarlas.
SENCE también ha ampliado otras iniciativas de formación tecnológica. Uno de sus programas digitales registra más de 151 mil inscripciones desde 2022, mientras las alianzas con empresas tecnológicas han incorporado formación en IA, análisis de datos, marketing digital y ciberseguridad.
La cantidad de alternativas seguirá creciendo. Eso hace que seleccionar bien gane importancia: una empresa puede tener acceso a cientos de cursos y seguir manteniendo la misma brecha si sus trabajadores están aprendiendo habilidades que después no tienen dónde aplicar.
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