Las principales economías de América reducen la jornada laboral y desafían la productividad empresarial

Las principales economías de América reducen la jornada laboral

La reducción de la semana laboral se consolida como una tendencia regional.
Mientras Colombia completará este año su transición a 42 horas y Chile llegará a las
40 horas en 2028, México inició un proceso que culminará en 2030 y obligará a las
empresas a replantear su gestión operativa.

México se convirtió en el último país de la región en sumarse a la reducción de la jornada
laboral, tras oficializar una reforma que disminuirá gradualmente la semana de trabajo desde
las actuales 48 hasta 40 horas hacia 2030.


La medida acerca a la economía mexicana a estándares que ya predominan en Europa y
Estados Unidos, pero también la alinea con transformaciones que actualmente viven Chile y
Colombia. Mientras este último país alcanzará en julio próximo una jornada máxima de 42
horas semanales, Chile completará en 2028 la implementación de la Ley de 40 Horas.


La reforma mexicana, publicada en el Diario Oficial, establece además límites al trabajo
extraordinario. Las horas extras no podrán superar las 12 semanales y deberán distribuirse
bajo criterios específicos. A ello se suma la obligación de implementar sistemas electrónicos
para registrar los horarios de ingreso y salida de los trabajadores a partir de 2027.


Más allá de los cambios regulatorios, la tendencia está obligando a las empresas a revisar la
forma en que organizan sus operaciones. Sectores intensivos en mano de obra, con
sistemas de turnos o que requieren continuidad operacional, enfrentan el desafío de
mantener niveles de productividad similares con una menor disponibilidad horaria. “Lo que
estamos observando es una convergencia de América Latina hacia modelos laborales que
ya son habituales en economías desarrolladas”, explica Federico dos Reis, CEO para
Latinoamérica de INFORM, precisando que la discusión ya no está centrada únicamente en
cuántas horas se trabaja, sino en cómo se utilizan esas horas de manera más eficiente.


El reto de sostener la productividad


En Europa, países como Francia han operado durante años bajo esquemas de 35 horas
semanales, mientras que en gran parte de las economías desarrolladas las jornadas
laborales se sitúan en torno a las 40 horas. Para los especialistas, la experiencia
internacional muestra que la reducción horaria puede coexistir con altos niveles de
productividad cuando va acompañada de mejoras en la organización del trabajo y el uso de
tecnología.


En ese escenario, la planificación de personal, la gestión de turnos y la automatización de
procesos han adquirido un protagonismo creciente. La necesidad de operar con mayor
eficiencia está impulsando la incorporación de herramientas tecnológicas capaces de
optimizar recursos y anticipar requerimientos operacionales. Según estimaciones de
INFORM, las organizaciones que utilizan sistemas inteligentes para administrar dotaciones
pueden mejorar la planificación de turnos y adaptarse con mayor rapidez a cambios en la
demanda, reduciendo ineficiencias que históricamente han afectado el desempeño
operativo.


Las empresas también están reforzando herramientas digitales orientadas a mejorar la
comunicación entre equipos, facilitar el acceso a información en tiempo real y entregar
mayor autonomía a los trabajadores. El objetivo es eliminar tareas administrativas tediosas y concentrar los esfuerzos en actividades que impacten directamente en los resultados del
negocio. Al respecto, dos Reis sostiene que el verdadero desafío para las compañías será
compatibilizar productividad y calidad de vida. “La reducción de la jornada laboral está
acelerando una transformación que muchas organizaciones ya venían impulsando. La
tecnología se está convirtiendo en un elemento clave para responder a ese nuevo
escenario”, afirma el ejecutivo.

Con México avanzando hacia las 40 horas, Chile completando su implementación y
Colombia cerrando su proceso de reducción, la discusión laboral en la región parece haber
entrado en una nueva etapa. Para el representante de INFORM en Latinoamérica, la
pregunta ya no es si las jornadas serán más cortas, sino cómo las compañías logran
anticipar este cambio sin afectar su competitividad.

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