Estudio U. de Chile evidencia brechas socioeconómicas en detección temprana del cáncer de mama

Evidencian brechas socioeconómicas en detección temprana del cáncer de mama

El nivel educativo, el ingreso del hogar y la situación laboral generan brechas significativas en el acceso a mamografías para la detección temprana del cáncer de mama, revela una investigación publicada en la revista Preventive Medicine Reports que analizó la relación entre la posición socioeconómica y el uso de este examen en mujeres chilenas.

La posición socioeconómica de las mujeres en Chile influye en el uso de herramientas de detección precoz de cáncer de mama. Esta es la conclusión central del estudio “Socioeconomic position and breast cancer screening use in Chile: A population-based study”, publicado en la revista Preventive Medicine Reports (volumen 50, 2025). La investigación, que cuenta con la autoría de correspondencia de la Dra. María Luisa Garmendia, académica del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, y de Camilo Guerrero Nancuante, estudiante del Doctorado en Salud Pública de la Universidad de Chile, analiza cómo diversos indicadores sociales afectan la frecuencia del cribado mamográfico.

La investigación se propuso evaluar cómo la posición socioeconómica (SEP, por sus siglas en inglés), medida de forma multidimensional, influye en el uso del tamizaje de cáncer de mama en mujeres de 50 a 69 años, rango etario definido por las guías clínicas como el grupo prioritario para el control sistemático.

Metodología y diseño del estudio

El equipo de investigación realizó un análisis epidemiológico de base poblacional utilizando los datos de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica (CASEN) 2022, desarrollada por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia de Chile. La muestra analítica final incluyó a 26.337 mujeres pertenecientes al grupo objetivo de tamizaje a nivel nacional, distribuidas en 760 unidades comuna-área.

A diferencia de estudios que utilizan indicadores aislados, esta investigación adoptó un enfoque multidimensional para definir la posición socioeconómica, considerando tres indicadores clave: nivel educativo, quintil de ingreso per cápita del hogar y tipo de ocupación. A través de modelos de regresión log-binomial multinivel, se calcularon las razones de prevalencia para determinar la fuerza de asociación entre estos factores y la realización de mamografía en los últimos tres años, ajustando los resultados por diversas variables sociodemográficas y de estado de salud.

Como toda investigación observacional, los autores reconocen limitaciones: la encuesta CASEN 2022 tuvo una tasa de respuesta del 68,7%, lo que puede introducir sesgos de selección, en particular entre mujeres con mayor dificultad de acceso a servicios de salud. El estudio tampoco incluía variables como el conocimiento sobre los programas de mamografía, la frecuencia de visitas a la atención primaria ni dimensiones de interseccionalidad. Estos aspectos deberían abordarse en investigaciones futuras.

Brechas determinadas por educación, ingreso y tipo de ocupación

Los resultados del estudio arrojan que la cobertura general de mamografía en el grupo evaluado fue del 66,9%. Si bien esta cifra se acerca a los estándares internacionales, el análisis detallado revela marcadas disparidades según el perfil socioeconómico de las mujeres.

Tres indicadores de posición socioeconómica mostraron asociación significativa con el no uso de mamografía. Las mujeres con nivel educativo básico o inferior presentaron una probabilidad 20% mayor de no realizarse el examen respecto a quienes tenían educación terciaria. El efecto del ingreso fue aún más pronunciado: las mujeres del quintil de menor ingreso (menos de USD 158 mensuales) mostraron una prevalencia de no uso 49% superior a quienes pertenecían al quintil más alto (más de USD 778 mensuales), con un gradiente estadísticamente significativo en todos los quintiles.

En cuanto al tipo de ocupación, las mujeres desempleadas presentaron una prevalencia de no uso un 34% mayor respecto a directivas y profesionales, mientras que las trabajadoras de servicios y comercio mostraron una brecha del 21%. Los autores señalan que estas disparidades se concentran en mujeres con empleo precario o sin remuneración, quienes enfrentan barreras estructurales para acceder a la atención de salud, como extensas jornadas laborales y limitada cobertura de seguridad social.

De forma destacable, el efecto del ingreso persistió a pesar de que la mamografía es gratuita en la atención primaria en Chile. Los autores plantean que una proporción importante de mujeres podría desconocer que el examen está financiado públicamente, y que las mujeres de mayor ingreso tienen más probabilidad de pagar por el tamizaje en servicios privados.

Implicancias para la salud pública y el diagnóstico temprano

El nivel educativo podría actuar como facilitador para comprender la importancia del examen y gestionar las horas de atención. Las condiciones laborales precarias de los grupos más afectados, como largas jornadas, falta de tiempo para el autocuidado y escaso conocimiento de los servicios disponibles, representarían barreras estructurales que el modelo actual de tamizaje pasivo no aborda de manera suficiente.

El programa de detección de cáncer de mama en Chile opera bajo un enfoque pasivo: las mamografías se ofrecen durante las visitas de las mujeres a los centros de salud, en lugar de mediante una búsqueda activa de la población objetivo a través de llamadas o cartas. Los autores argumentan que este modelo recarga de manera desproporcionada a las mujeres con menos recursos socioeconómicos, quienes son menos propensas a consultar espontáneamente.

Los resultados sugieren la necesidad de transitar desde políticas de salud universales y uniformes hacia estrategias focalizadas en los grupos de menor nivel socioeconómico. El fortalecimiento de la captación en la atención primaria, la reducción de las barreras administrativas para las mujeres con menor escolaridad y la incorporación de un enfoque de equidad territorial en los programas de detección precoz aparecen como acciones necesarias para mejorar el diagnóstico oportuno.

La identificación de estas inequidades contribuye a la evidencia sobre cómo la estratificación social en Chile modula el acceso a prestaciones críticas, reafirmando que el éxito de los programas de salud pública depende de su capacidad para alcanzar de manera efectiva a los sectores más vulnerables, sobre todo considerando que este patrón no se limita al cáncer de mama. Un estudio del mismo equipo, publicado en 2025 en Scientific Reports, halló inequidades socioeconómicas similares en el estadio diagnóstico de múltiples cánceres en Chile, sugiriendo que estas brechas atraviesan distintos puntos del continuo de control oncológico. Al respecto, María Luisa Garmendia y Camilo Guerrero plantearon:

– El estudio muestra que las mujeres de menores ingresos usan significativamente menos la mamografía, incluso cuando el examen es gratuito. ¿Qué barreras concretas explican que el costo no sea el único obstáculo, y qué debería cambiar el sistema público para superarlas?

Existen muchas barreras que podrían explicar por qué el costo no es el único obstáculo para el acceso a mamografías en el sector público de salud. En primer lugar, las acciones preventivas en salud son complejas de ejecutar en mujeres altamente precarizadas, quienes asumen simultáneamente jornadas de trabajo remunerado y de cuidado no remunerado en sus hogares, lo que reduce drásticamente el tiempo disponible para asistir a controles de salud. En segundo lugar, existe una percepción extendida de que el sistema público de salud es de baja calidad, lo que podría llevar a parte de la población a postergar la atención antes que acudir a servicios que perciben como deficientes. A esto se sumarían barreras geográficas, dificultades de transporte y la falta de redes de apoyo para el cuidado de hijos o personas dependientes, lo que podría impactar en la realización de este examen.

Frente a esto, creemos que el sistema de salud público debería avanzar en varias direcciones. Por una parte, profundizar en el conocimiento de los motivos concretos del no uso de mamografías, ya que nuestro estudio entrega algunas luces sobre factores socioeconómicos, pero se requieren otras investigaciones que capturen las perspectivas de las propias mujeres. Por otro lado, desarrollar estrategias territorialmente situadas, ya que la realidad de Santiago es distinta a la de territorios en el norte o el sur del país. Entender las limitaciones y complejidades locales es un paso previo indispensable para diseñar intervenciones que permitan aumentar el uso de mamografía en poblaciones desventajadas socioeconómicamente. Finalmente, el sistema debería avanzar, como se lleva a cabo actualmente en varias comunas del país, hacia modelos de atención más flexibles, con horarios extendidos, mamografías móviles y eliminación de barreras administrativas que hoy podrían desincentivar el uso de mamografías en atención primaria de salud (APS).

– ¿Cómo se combina la precariedad laboral con el bajo nivel educativo o el bajo ingreso para terminar desplazando la prevención en las mujeres más vulnerables?

La precariedad laboral es un fenómeno relevante en nuestro país e impacta en la vida de las poblaciones más vulnerables. Diversos reportes indican que las mujeres se concentran en empleos informales, de tiempo parcial, en el sector de comercio y servicios, caracterizados por bajos salarios e inestabilidad laboral. Esta situación se combina con bajos niveles educativos que pueden dificultar la comprensión de la importancia del tamizaje, así como el manejo de los trámites administrativos que exige el sistema de salud.

Estas condiciones interactúan y generan que las mujeres orienten todos sus recursos (tiempo, energía y dinero) hacia la satisfacción de necesidades básicas como la alimentación y la vivienda. En ese contexto, acciones preventivas como la mamografía tienden a desplazarse de las prioridades inmediatas, en especial cuando sus beneficios pueden ser percibidos como inciertos. En ese sentido, pensamos que las mujeres que trabajan largas jornadas, con escasa autonomía sobre sus horarios y sin acceso a permisos laborales para la realización de controles de salud, enfrentan un costo de oportunidad real al asistir a un control que no resuelve ninguna urgencia del presente. A nuestro entender, la intersección entre precariedad laboral, bajo ingreso y baja escolaridad configuraría una vulnerabilidad acumulada que el sistema de salud no ha logrado abordar de forma efectiva.

– El programa chileno espera que las mujeres lleguen solas a los controles. Dado que eso no está funcionando, ¿qué estrategias de búsqueda activa debería implementar la atención primaria para captar a quienes hoy quedan fuera del tamizaje?

Sí, creemos que el programa chileno en el que las mujeres llegan de forma espontánea a los servicios de salud estaría demostrando ser insuficiente para los grupos más vulnerables. No nos aventuraríamos a proponer un programa de cribado activo como el que existe en países europeos sin entender de manera sólida los motivos del no uso de mamografía en distintas partes de nuestro país. Sin embargo, pensamos que la APS, con mayores recursos, podría involucrarse aún más en la búsqueda activa con estrategias concretas que se adapten a las realidades de cada territorio y que, a su vez, permitan un diagnóstico de cáncer de mama lo más rápido posible.

En ese sentido, creemos relevante que la APS pueda seguir identificando a las mujeres del rango etario correspondiente que no se han realizado una mamografía en el periodo recomendado, utilizando diversos registros disponibles como fichas clínicas electrónicas y bases de datos del FONASA, lo que permitiría incluir aspectos socioeconómicos en esta búsqueda activa a propósito de los hallazgos de nuestro estudio. 

Asimismo, pensamos que la implementación de mamógrafos móviles que lleguen a los barrios, ferias locales o lugares de trabajo, junto con la oferta de horarios en jornada vespertina o fin de semana, reduciría la barrera del tiempo para el uso de mamografía. Finalmente, las estrategias de difusión deberían incorporar a organizaciones comunitarias, juntas de vecinos y redes de mujeres presentes en los territorios, reconociendo que la confianza comunitaria es muchas veces más efectiva que la comunicación institucional para motivar la adopción de conductas preventivas.

https://uchile.cl/noticias/240679/estudio-evidencia-brechas-socioeconomicas-en-deteccion-del-cancer-de-mama

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