En el Día Mundial de la Salud Digestiva: ESPECIALISTAS IDENTIFICAN LA OBESIDAD COMO FACTOR PREDICTOR DE CÁNCER DIGESTIVO E HÍGADO GRASO

  • El sobrepeso y la obesidad se asocian con al menos 13 tipos distintos de cáncer. Estos tipos de cáncer componen el 40% de todos los casos de cáncer diagnosticados. A su vez, cerca de un 30% de los chilenos desarrollarán hígado graso por el alto consumo de carbohidratos y azúcares, una condición cada vez más frecuente que antecede a enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y enfermedad hepática, entre otros.

Como cada 29 de mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conmemora el Día Mundial de la Salud Digestiva, este año dedicada a la obesidad, como un factor de riesgo ante el desarrollo de cánceres y enfermedades del sistema digestivo. La Sociedad Chilena de Gastroenterología (SChGE) y sus filiales, buscan generar mayor conciencia en la comunidad para detener a tiempo esta condición y contribuir a la prevención de diversas enfermedades digestivas.

La obesidad es una pandemia que afecta grupos etarios en forma transversal y es particularmente grave y frecuente en la población infantil. Según datos de la última encuesta nacional en solo 10 años  la población con sobrepeso u obesidad aumentó de un 64% el 2010, a un 74% el 2020 y Chile se convierte en el segundo país con más casos de obesidad en la OCDE, detrás de Estados Unidos y superando a México.

Una serie de estudios han establecido una estrecha relación entre obesidad y el riesgo de desarrollar cánceres en distintos órganos de nuestro cuerpo. El sobrepeso y la obesidad se asocian con al menos 13 tipos distintos de cáncer. Estos tipos de cáncer componen el 40% de todos los casos de cáncer diagnosticados. 

Para el Dr. Cristián Montenegro, presidente de la Asociación Chilena de Endoscopía Digestiva (ACHED), filial de la SChGE, “En particular en el sistema digestivo, la obesidad aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de hígado, páncreas, esófago, gástrico y de colon-recto, y en este último la asociación es muy clara y dada su alta incidencia en nuestro país, se transforma en un grave problema de salud pública. Numerosos estudios demuestran un 15% de aumento en el riesgo de cáncer de colon para una persona con índice de masa muscular mayor a 25, comparado con una persona normal y un 33% de aumento en el riesgo para una persona obesa, con IMC mayor a 30”.

En el cáncer de esófago y gástrico subcardial, la obesidad se asocia a la aparición  de reflujo gastroesofágico, que en el largo plazo puede desarrollar esófago de Barret y posteriormente cáncer.

Por su parte, el Dr. Juan Pablo Arab, vicepresidente de la Asociación Chilena de Hepatología (ACHEP), filial de la SChGE, explica que dentro de las enfermedades hepáticas asociadas a la obesidad y la diabetes, la enfermedad del hígado graso no alcohólico -hoy relacionado al concepto de hígado graso metabólico-, consiste en la acumulación de grasa en el hígado hasta alcanzar niveles tóxicos y ello genera inflamación en el hígado y cicatrices que conllevan a la cirrosis. Añade que: “el hígado graso es una condición muy frecuente; de hecho, en un estudio del 2009 realizado en Chile, 24% de la población tenía hígado graso y se presume que estos indicadores hoy se acercan al 30%; es decir, 1 de cada 3 personas van a tener hígado graso, aumentando el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes y también de enfermedad hepática”.

Entre 20 a 30% de las personas con hígado graso van a desarrollar la forma más agresiva de la enfermedad, conocida como “esteatohepatitis no alcohólica” y gran parte de ellos desarrollarán  cirrosis. “Un 50 a 70% de las personas con sobrepeso van a tener hígado graso y hasta un 90% de los obesos, así como un 70% de los diabéticos”, puntualiza Arab.

Las consecuencias del hígado graso no solo es la cirrosis y complicaciones como la hemorragia digestiva, o la ascitis (acumulación de líquido en la zona abdominal), encefalopatía y el cáncer de hígado, también se sabe que el hígado graso predispone a la diabetes, la enfermedad renal, la insuficiencia cardiaca, el infarto y diversos tipos de cáncer. El Dr. Arab sostiene: “Es una enfermedad muy frecuente y preocupante ante la epidemia de obesidad a nivel mundial. Dado que no duele y no da síntomas, es difícil que los pacientes se enteren del diagnóstico. Lo positivo es que es reversible, sobre todo en etapas iniciales, y el pilar fundamental es el cambio en el estilo de vida, la actividad física de intensidad moderada (150 a 250 minutos por semana), evitar el consumo de alcohol y mantener una alimentación saludable. A diferencia de lo que muchos piensan, el hígado graso no va muy de la mano del consumo alto de grasas, sino más bien de carbohidratos y azúcares, como son pan, arroz, fideos, papas, bebidas azucaradas y alimentos procesados, que constituyen la base de la alimentación de gran parte de los chilenos”.

Alejandra Parada (PhD) experta en nutrición, comenta que la dieta y modificaciones del estilo de vida (sedentarismo), son el primer paso para el tratamiento de la obesidad. Con ellos se espera lograr una pérdida de peso del 5-10% en un plazo de 6 meses. “Actualmente hay una amplia variedad de tipos de dieta recomendadas para el manejo de la obesidad, pero una reducción de la ingesta de energía sigue siendo un componente esencial de la efectividad de cualquier dieta. Las revisiones sistemáticas y los metanálisis indican que todas las dietas producen resultados favorables cuando se cumplen y que la pérdida de peso inicial puede predecir la cantidad de peso perdido y mantenido durante hasta 4 años. Por lo tanto, los factores relacionados con la adherencia son clave en la selección de una dieta. En este sentido uno de los predictores más importantes del éxito de la pérdida de peso temprana, es la adherencia al cambio de comportamiento en adultos con obesidad”.

Consejos saludables

  • Intente crear una estructura para su alimentación, con tiempos de comida definidos.
  • Consuma tres comidas importantes al día, si tiene hábito de comer entre comidas puede evitar o suprimir el postre del almuerzo y cena, y consumir 2 colaciones como: yogur sin azúcar y descremados, jaleas sin azúcar, fruta o un puñado de frutos secos.
  • Proteja su horario de alimentación y disfrute comiendo junto a su familia y genere una conversación que permita bajar su ansiedad, en ausencia de pantallas o ruidos de fondo.
  • Intente comer lo más lento posible, logrando identificar textura de los alimentos y el momento en el cual ya siente saciedad.
  • Para momentos de “ansiedad”, prefiera alimentos con bajo contenido energético y alto volumen, como ensaladas, lácteos descremados o frutas.
  • Evite snack como papas fritas, galletas, chocolates, ya que contienen grandes cantidades de energía, azúcar y grasas saturadas.
  • No olvide el consumo de líquido sin azúcar. Consuma idealmente agua al menos 1,5 litros al día.
  • Planifique sus comidas y colaciones idealmente para dos semanas. Esto le ayudará al momento de comprar, ordenar sus comidas e incluso economizar.
  • Consuma la mayor variedad de alimentos, dejando fuera alimentos procesados altos en azúcar y grasas saturadas.
  • Intente no frustrarse si no lo logra de inmediato una baja de peso, fíjese metas diarias tales como: “hoy voy a reducir la porción solo del almuerzo” “hoy voy a cambiar el picoteo de dulces, por fruta picada“.
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