Impulsado por la inteligencia artificial, la necesidad de soberanía de datos y una revisión crítica de costos, el cloud computing evolucionó hacia un ecosistema híbrido, distribuido y más eficiente.
Durante 2025, el concepto de nube dejó atrás su asociación exclusiva con entornos públicos para dar paso a un panorama mucho más diverso, descentralizado y estratégico. Lo que parecía una simple transición técnica se convirtió en una reconfiguración profunda del modelo de infraestructura digital, con la inteligencia artificial (IA) como el gran motor de cambio.
Las organizaciones comenzaron a cuestionarse dónde, cómo y a qué costo ejecutar sus cargas de trabajo, lo que dio lugar a una nueva edad dorada del datacenter, adaptada a las exigencias de esta nueva era computacional.
En este nuevo escenario híbrido y especializado, proveedores estratégicos han ganado protagonismo, posicionándose como actores clave en la entrega de infraestructura soberana, servicios cloud privados y soluciones diseñadas a medida para sectores altamente regulados.
De la nube pública al ecosistema híbrido y soberano
Uno de los fenómenos más relevantes del año fue el resurgimiento del modelo on-premise, pero bajo una lógica moderna. Ya no se trata de los centros de datos tradicionales, sino de plataformas privadas automatizadas, diseñadas con principios cloud-native, con interfaces compatibles con la nube pública y capacidades avanzadas de orquestación.
En sectores regulados como banca, energía, telecomunicaciones y sector público, se observó un marcado retorno a entornos privados o soberanos, impulsado por tres factores clave: previsibilidad de costos, control sobre los datos y baja latencia. Estas inversiones superaron los US $100 mil millones en 2025 y podrían duplicarse hacia 2030, según estimaciones del mercado.
Este movimiento estuvo acompañado por un proceso creciente de repatriación de cargas de trabajo desde la nube pública hacia infraestructuras cloud secure propias o híbridas, a medida que las empresas buscaban mayor eficiencia, seguridad y control.
IA como catalizador: nuevas arquitecturas, nuevos proveedores
El crecimiento exponencial de los modelos de IA, con entrenamientos más complejos, inferencias en tiempo real y aplicaciones industriales avanzadas, exigió infraestructura optimizada desde su diseño para cargas intensivas en GPU, memoria y red.
Esto dio lugar a la consolidación de los llamados Neo Clouds: proveedores especializados en infraestructura para IA, con clusters de GPU de última generación, modelos de consumo más transparentes y arquitecturas enfocadas en rendimiento y eficiencia energética.
Este fenómeno debilitó el dominio de los hyperscalers tradicionales, amplió la oferta de servicios y aceleró la competencia en hardware, con la aparición de nuevos fabricantes de chips y aceleradores que comenzaron a romper la concentración histórica del mercado.
Además, el edge computing ganó protagonismo gracias al despliegue de redes 5G y a casos de uso que requieren baja latencia y procesamiento local, como ciudades inteligentes, industria automatizada, retail avanzado y analítica en tiempo real. Esto impulsó inversiones en micro-datacenters y nodos edge, muchos de ellos gestionados bajo esquemas privados o soberanos, estrechamente integrados a redes de telecomunicaciones.
De cara a 2026, el mercado de infraestructura digital continuará creciendo, pero lo hará de forma más distribuida, regional y soberana. En América Latina, la expansión de redes 5G, el despliegue de nuevas redes de acceso y la llegada de cables submarinos de alta capacidad están transformando la conectividad y reduciendo las latencias, sentando las bases para un ecosistema digital más robusto, autónomo y competitivo.
Este nuevo modelo híbrido no reemplaza a la nube pública, pero la complementa estratégicamente, permitiendo a las organizaciones adaptar su infraestructura a cada necesidad específica, equilibrando rendimiento, costos, soberanía y sostenibilidad.
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