La reciente inauguración de un millonario simulador de operaciones nucleares de la Universidad de Lancaster, en Reino Unido, confirma una tendencia que comienza a acelerarse a nivel mundial: la realidad virtual se está transformando en infraestructura estratégica para la educación superior y la formación de capital humano. Chile ya comienza a recorrer ese camino y lidera en la región.
Mientras universidades de Europa invierten en simuladores inmersivos para enfrentar la escasez de talento en industrias altamente especializadas, instituciones chilenas avanzan en la incorporación de realidad virtual para fortalecer la formación práctica de sus estudiantes. Duoc UC, INACAP, la Universidad del Desarrollo, la Universidad Andrés Bello y, recientemente, la Universidad Santo Tomás ya integran laboratorios y espacios inmersivos en distintas carreras.
Más que una innovación tecnológica, la realidad virtual comienza a consolidarse como una herramienta para democratizar el acceso a experiencias de aprendizaje que antes dependían de infraestructura física, equipamiento de alto costo o laboratorios altamente especializados. En un país con más de 1,45 millones de estudiantes de educación superior, este tipo de tecnologías abre la posibilidad de acercar formación de alto nivel a distintas regiones y reducir brechas territoriales y económicas.
Para Alan Alvarado, CEO de SingularisVR, empresa chilena especializada en soluciones de realidad virtual para educación y una de las referentes en Latinoamérica, el desafío ya no consiste en demostrar el potencial de esta tecnología, sino en convertirla en una capacidad permanente de las instituciones. «La realidad virt ual está permitiendo que universidades de todo el mundo preparen estudiantes para escenarios complejos de forma segura, escalable y medible. Chile tiene la oportunidad de posicionarse como un referente regional si logra integrar estas experiencias al currículo y administrarlas como parte de su estrategia educativa, no como proyectos aislados», agregó.
El dato interesante es la oportunidad en rentabilidad y efectividad que demuestra la metodología. Por ejemplo, según Mordor Intelligence, el mercado mundial de realidad virtual aplicada a la educación alcanzará USD 95.280 millones al 2031, mientras estudios de PwC muestran que el aprendizaje inmersivo puede realizarse hasta cuatro veces más rápido que los métodos tradicionales.
Alvarado agrega que la oportunidad también puede materializarse al entender que “el verdadero cambio no pasa por incorporar más visores, sino por integrar estas tecnologías al currículo”. «La realidad virtual permite democratizar el acceso a experiencias de formación especializada, pero su impacto depende de una estrategia pedagógica que incluya gestión, capacitación docente y medición de resultados», explica.
Desafíos reales
Para SingularisVR, el desafío de Chile está en hacer escalarla tecnología para que deje de ser una experiencia aislada y se convierta en una política permanente de innovación educativa capaz de reducir brechas territoriales y económicas en el acceso a la formación especializada. «La tecnología, por sí sola, no transforma la educación. Lo que genera impacto es contar con una estrategia que permita incorporar estas experiencias al proceso formativo de manera permanente, con gestión, seguimiento y objetivos pedagógicos claros», agrega el especialista.
| Los cuatro pasos para que un proyecto de realidad virtual no fracase en educación Según SingularisVR, el éxito de un proyecto de realidad virtual depende más de la estrategia pedagógica que de la tecnología. Partir por una necesidad real: Implementar la realidad virtual en asignaturas donde aporte valor concreto al aprendizaje, como salud, ingeniería o formación técnica.Validar con un piloto: Medir el impacto mediante indicadores objetivos antes de ampliar la iniciativa.Formar a los docentes: Capacitar en metodologías de enseñanza y uso pedagógico de la tecnología, no solo en el manejo de los equipos.Escalar con evidencia: Expandir la implementación utilizando datos y resultados que respalden mejoras en el aprendizaje y procesos de acreditación.Visión de largo plazo: Un proyecto exitoso requiere entre 18 y 24 meses para consolidarse, generar evidencia y transformarse en una capacidad permanente de la institución. El objetivo no es incorporar más tecnología, sino mejorar los resultados de aprendizaje. |