Las enfermedades respiratorias, el clima y diversos temores aún presentes en la comunidad provocan una disminución de las donaciones durante los meses más fríos del año.
Mientras las bajas temperaturas y las enfermedades respiratorias marcan la llegada del invierno, los bancos de sangre enfrentan un desafío recurrente: la disminución en la cantidad de donantes. Aunque muchas personas dejan de donar por razones de salud o dificultades de desplazamiento, la demanda de componentes sanguíneos continúa siendo la misma, ya que cientos de pacientes requieren transfusiones de manera permanente para enfrentar tratamientos, cirugías y diversas patologías.
En el marco del Día Mundial del Donante de Sangre, que se conmemora cada 14 de junio, la académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Lorenna Muñoz, explicó que durante esta época del año las reservas suelen verse afectadas por distintos factores. “Aumentan las enfermedades respiratorias y muchas personas no pueden donar temporalmente. También influyen factores prácticos, como las condiciones climáticas, las dificultades de traslado o simplemente una menor participación en campañas de donación”, señaló.
La especialista agregó que, pese a esta disminución, las necesidades transfusionales no se detienen. “Los pacientes continúan requiriendo transfusiones y los componentes sanguíneos tienen una duración limitada, por lo que los bancos de sangre necesitan una reposición constante. Cuando las donaciones bajan, mantener stocks adecuados se vuelve más complejo”, indicó.
Junto con las dificultades propias del invierno, aún existen creencias erróneas que desincentivan la donación. Entre ellas destacan el temor a contraer enfermedades durante el procedimiento, sufrir complicaciones o quedar debilitado tras donar.
Al respecto, Muñoz aclaró que la donación de sangre es un procedimiento seguro. “La donación se realiza con material estéril y desechable, por lo que no existe riesgo de adquirir infecciones durante el proceso. Además, previamente se realiza una evaluación para verificar que la persona se encuentre en condiciones adecuadas para donar”, explicó.
La académica enfatizó que muchas veces el principal obstáculo es la falta de información. Por ello, destacó la importancia de acercar a la comunidad conocimientos claros sobre el proceso y el impacto que tiene una donación en la vida de otras personas.
Si bien las emergencias suelen visibilizar la importancia de contar con sangre disponible, gran parte de las transfusiones se destinan a pacientes que requieren apoyo de manera habitual. Entre ellos se encuentran personas con enfermedades hematológicas, pacientes oncológicos, recién nacidos, pacientes críticos y quienes deben someterse a cirugías complejas.
“Uno de los desafíos que aún tenemos como país es fortalecer la donación voluntaria y habitual. Todavía una proporción importante de las donaciones corresponde a reposición realizada por familiares o cercanos de un paciente, por lo que existe espacio para avanzar hacia una cultura de donación más permanente”, sostuvo.
Finalmente, la especialista recordó que la sangre no puede fabricarse y que una sola donación puede beneficiar a más de una persona. “Detrás de cada unidad de sangre hay pacientes que esperan una cirugía, un tratamiento o una oportunidad de recuperarse. Por eso, la donación debe entenderse como una forma concreta de contribuir al cuidado de otros durante todo el año”, concluyó.
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