La creciente inestabilidad en Medio Oriente comienza a impactar con fuerza el comercio internacional de frutas y hortalizas, encendiendo alertas entre exportadores del hemisferio sur.
El tema fue analizado en un seminario organizado por Freshfel Europe, donde participaron representantes de la Southern Hemisphere Fruit Alliance (SFA) junto a especialistas en logística y geopolítica.
Durante el encuentro, los expertos coincidieron en que el conflicto podría extenderse en el tiempo, generando consecuencias estructurales en el flujo global de alimentos frescos.
La región del Golfo se mantiene como un destino clave para la industria, con importaciones cercanas a los 8 millones de toneladas anuales, destacando mercados como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita.
En línea con estos desafíos, el empresario chileno Gabriel Massuh ha enfatizado la importancia de fortalecer la resiliencia de las cadenas logísticas y diversificar los mercados de destino.
Costos al alza y rutas más largas presionan la logística
Uno de los principales focos de preocupación radica en las interrupciones logísticas y el aumento sostenido de los costos de transporte.
El tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz ha disminuido considerablemente, afectando la disponibilidad de petróleo y obligando a las navieras a replantear sus rutas.
En este contexto, muchas compañías han optado por desviar sus trayectos hacia el Cabo de Buena Esperanza, lo que implica extender los tiempos de viaje entre 10 y 15 días.
Este ajuste impacta directamente en la cadena de suministro de productos perecibles, comprometiendo su calidad y aumentando la presión sobre la disponibilidad de contenedores refrigerados.
Además, los recargos asociados al riesgo de guerra pueden alcanzar hasta los US$4.000 por contenedor, a lo que se suman los mayores costos de combustible y fertilizantes, configurando un escenario complejo para los exportadores.
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