Con tecnología, alianzas comunitarias y visión de largo plazo, el país avanza hacia una transformación que redefine el potencial agrícola del Desierto de Atacama
Durante siglos, el Desierto de Atacama ha sido un territorio de desafíos para la agricultura en Chile. A pesar de que se han cultivado diversas especies, la producción ha sido históricamente limitada por la escasez de agua y la falta de tecnologías modernas adaptadas al entorno. Sin embargo, esta realidad comienza a cambiar, impulsada por el desarrollo científico, la innovación hídrica y un renovado compromiso por aprovechar sustentablemente las condiciones únicas del norte chileno.
Inspirado en experiencias internacionales como Israel, donde el 60% del territorio es desértico y aun así un 12% se dedica con éxito a la agricultura, Chile está en condiciones de pensar en grande. Hoy, el país cuenta con acceso a agua desalinizada, energías renovables a bajo costo y conocimientos técnicos que permiten cultivar incluso especies impensadas hace una década.
Del sueño a la realidad: cultivos productivos en medio del desierto
Una muestra concreta de esta transformación es el trabajo liderado por SQM Yodo Nutrición Vegetal junto a comunidades del norte, especialmente en la región de Tarapacá. A través de alianzas con organizaciones como CONAF y asociaciones indígenas aymaras, ya se han consolidado cerca de 60 hectáreas agrícolas productivas en pleno desierto, demostrando que este modelo no es solo una teoría, sino una realidad en expansión.
Uno de los casos más emblemáticos se desarrolla en la Pampa del Tamarugal, donde un innovador proyecto de cultivo de alfalfa abastece a más de 5.000 cabezas de ganado, utilizando técnicas de riego eficiente y manejo sostenible de suelos. En paralelo, en la Colonia de Pintados, se evalúan 26 variedades de arándanos en suelos recuperados, monitoreados mediante sensores de salinidad, humedad y evapotranspiración, integrando agricultura de precisión en contextos extremos.
Visión 2030: escalar la agricultura del norte chileno
Los resultados ya obtenidos han impulsado una ambiciosa Visión 2030, que busca multiplicar por diez la superficie agrícola actual, alcanzando 600 hectáreas productivas en zonas estratégicas como Pozo Almonte, Huara y Pica, con posibilidades de expansión hacia la Región de Antofagasta.
Además del desarrollo agrícola, SQM ha promovido una conexión más profunda con el territorio, como lo demuestra la creación de la primera Oficina de Proveedores Locales del país, ubicada en Pozo Almonte. Este espacio tiene como objetivo fortalecer las capacidades de emprendedores locales y facilitar su integración en cadenas productivas de mayor escala, potenciando el desarrollo económico y social de la zona.
Un cambio de paradigma: el desierto como territorio productivo
Chile enfrenta hoy una oportunidad histórica para redefinir el papel de sus zonas áridas en la seguridad alimentaria nacional y en la diversificación económica de sus regiones. Pero para lograrlo, se requiere más que esfuerzos individuales: una estrategia nacional de largo plazo, inversiones en ciencia aplicada y una sólida colaboración entre el sector público, privado y las comunidades locales.
El 2026 marca un nuevo comienzo para esta visión. Mirar el desierto no solo como un entorno inhóspito, sino como un territorio fértil en innovación, tecnología y resiliencia, es abrir paso a soluciones reales frente a los desafíos del futuro.
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